Durante los años sesenta y setenta se hizo
patente la necesidad de transmitir a distancia información
médica y sanitaria por medio de las redes
de telecomunicaciones. Lo que por un lado constituía
un adelanto tecnológico extraordinario apuntaba,
simultáneamente, al deterioro de la relación
entre médico y paciente y a la pérdida de subjetividad
humana para dar paso a la fría objetividad de
la tecnología. Este problema, aún no resuelto, debe
ser motivo de reflexión siempre que se coloque en
el Internet información de tipo sanitario.
La aparición en el campo de la medicina de
las primeras tecnologías —el estetoscopio, el
microscopio, los métodos de laboratorio para fines
diagnósticos, etc.— señaló el comienzo de la separación
entre médico y paciente. En 1878 apareció en
Estados Unidos de América el primer anuncio de
un médico que atendía consultas por teléfono y en
1880 se extendió el uso de este aparato para brindar
atención durante las 24 horas del día. En 1905,
William Einthoven exploró la posibilidad de transmitir
a una gran distancia por vía telefónica la imagen
de un electrocardiograma, proceso al que se
denominó telecardiograma. En 1967 al fin se logró
transmitir desde Francia un telecardiograma que
fue interpretado en Washington, DC, y devuelto al
lugar de origen en 15 segundos.
En 1968 se hizo un primer intento por usar la
televisión para examinar a personas situadas a distancia
y en esa misma década, a raíz de la Conferencia
sobre Procesamiento de Datos Diagnósticos
celebrada en 1959 en el Instituto Rockefeller de
Nueva York, se produjeron las primeras tentativas
por aplicar las computadoras al campo de la salud.
Entre los aspectos más halagadores de la nueva que muchos perciban el Internet como una Torre de
Babel. En el campo de la salud, su principal aplicación
ha sido, hasta ahora, en el área de la medicina
asistencial, tanto en el ámbito público como en el
privado, y su aprovechamiento ha sido más individual
que institucional. Aún no se ha sacado provecho
a su enorme potencial en el terreno de la regulación
y el control estatales, ni en el de la
epidemiología o de la organización y administración
de servicios
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